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Open de Australia: Wawrinka eclipsa el sueño de Nadal

El suizo se impone en la final ante un Rafa que jugó mermado la mitad del partido - Tenis

 
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Open de Australia: Wawrinka eclipsa el sueño de Nadal

Y, al final, el protagonista muere. The End. Estupor, incredulidad y cambio de caretas entre vencedores y vencidos. Como si fuera posible que el mejor jugador del mundo se enfrentara en la final del Open de Australia a un virgen en estas camas y este último le acabase dando un revolcón. Algo así.

Algo así nadie se lo podía imaginar en la previa del partido. Y es que se enfrentaban Nadal y Wawrinka. O dicho de otra manera: el número 1 del mundo contra el número 8; el poseedor de 13 títulos de Grand Slam contra el que ni siquiera había pisado una final de semejante calibre; y, por si los números aún no estaban siendo lo suficientemente ofensivos, el que había vencido en sus 12 anteriores enfrentamientos contra el que ni siquiera había sido capaz de rascarle un set.

Números implacables. Wawrinka tenía dos opciones. No acudir a la final esgrimiendo que el perro se había comido los deberes, o rezar por una doble carambola: jugar el mejor partido de su vida y que Nadal tuviese un día raro. Y rezó.

Primera carambola. Wawrinka no sólo aceptó el reto de manejar el partido desde el fondo de la pista, zona de confort de Nadal, sino que lo consiguió dominar. Sus raquetazos eran más duros y agresivos y sus elecciones en los puntos importantes siempre eran las correctas, sobre todo en el primer set, único valorable en igualdad de condiciones. Supo controlar la situación en la segunda manga y, al margen del desquiciamiento infantiloide que tuvo en la tercera, se recuperó a tiempo en el último parcial para volver a jugar con la misma esencia que en el primer set.

Segunda carambola. En el cuarto juego de la primera manga, Nadal tuvo 2 improductivas subidas a la red y consumó una doble falta, regalando un break que decantaría el set. Desconcertado y hasta ofuscado, en el segundo parcial se le cayó el mundo encima. Concretamente, sobre la espalda. Un latigazo le retorció de dolor y tuvo que ser atendido varias veces por los fisios, que apenas lograron mantenerle en pie. Ya en la tercera manga se olvidó de curanderos y tiró de medicina propia, la testiculina. Así es como logró hacerse con un inesperado tercer set ante un Stanislas que no daba crédito y que empezaba a temer por una resucitación que al final no fue tal. Los rezos y las obras divinas hoy estaban de su parte.

El resultado final: 3-6 2-6 6-3 3-6. Primer gran trofeo para el suizo, que además ha logrado en Australia lo que parecía imposible: ganar en el mismo torneo, y encima en un Grand Slam, a Djokovic –en cuartos de final- y a Rafa. Sin embargo, Wawrinka se mantuvo sobrio en la victoria, quien apenas lo celebró levantando los brazos, tal vez correspondiendo el mismo gesto de caballerosidad y deportividad que había tenido Nadal previamente al no retirarse de la final cuando era lo que casi cualquier jugador habría hecho. Casi… Nadal no es cualquiera. Comprometido como nadie, desconocedor de los propios límites, el Gladiador del Circuito supo volver a estar presente hasta cuando las fuerzas están ausentes. Como él sabe, como nadie puede, tirando de raza. Es Raza Nadal.

@JonMarlo


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